cuando era joven y ocupaba mi tiempo estudiando, juntándome con amigos, saliendo, paseando, caminando, tomando micros, cuando estaba ocupada en temas relativamente serios...pensaba, sí que pensaba, incluso más que ahora, me daba mucho el tiempo para pensar, para coleccionar boletos de micro, para pisar
hojas secas, ir al cerro a escuchar música, caminar por el centro, mirar nubes, tomar fotos, recordar, recordar gente que quiero un montón, cuando iba a la playa a escribir mientras bebía cerveza. Quizás cuando hacemos más cosas tenemos más tiempo o lo distribuimos de mejor forma. Siendo eficientes. Sin tanto agujero, bueno no sé, cuando era joven pasaba tardes pensando en la mortalidad del cangrejo, o en coincidencias, casualidades, amoríos, canciones, poemas, en la vida, en el futuro, en mi futuro, en lo que iba a pasar después, siempre creí que a esta edad ya habría publicado un libro, o tendría las cosas claras, un trabajo estable, una vida tranquila, sin preocupaciones desgarradoras. Ahora me encuentro en un lugar que jamás pensé pisar, con personas que nunca pensé conocer ni convivir; tocando otras experiencias, bastante inquietantes, distintas, viscerales. Sigo siendo la misma persona de antes, con los mismos problemas de antes, más controlados pero los mismos al fin y al cabo; extrañando a la misma gente y los mismos lugares. Quizás me da miedo vivir y atreverme a despegar, caminar por calles que no reconozco, con acentos y modimos de acá. En el fondo es lo mismo, sólo que la forma cambia. Yo me siento igual aquí que allá, igual pero no idéntico, si es que me entiendes; acá despierto y pienso en que voy a hacer algo, pero al final termino haciendo lo de siempre. Escribo, tengo un par de recuerdos, veo alguna peli, reviso alguna página, no sé, no sé qué hacer, tal vez no deba hacer nada, tal vez sólo deba confiar.
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