Llegué a Córdoba.
luego de mucho ordenar, elegir qué traer. Luego de varias despedidas. Aquí estoy acostada en el salón del departamento cordobés. Con resaca. Porque ayer, madrugada del sábado cuando llegamos de ese viaje tortuoso, 20 horas nos demoramos de Santiago hasta acá, parando y todo lo que conlleva un viaje así de largo; cuando llegamos nos fuimos de carrete, donde unas chicas; yo, la verdad no tenía ánimo de nada, sin embargo y como una cosa lleva a la otra, terminé bebiendo mas de la cuenta; mezclé, además. Mal ahí. Las chicas se llamaban moro y arti, simpáticas, alegres, dicharacheras.
En un momento de esta juerga, morí; no morir de coma etílico, morí de verdad, con túnel y esas cosas, fue jevi, no sé cómo ni con qué pretexto desperté. Así tal cual. Desperté y respiré hondo, me rei, corri por Córdoba. Y olvidé.
Ahora, estoy aquí tirada, levemente dañada por la resucitación, con una caña de puta madre, dolor de cabeza, bajón, frío, tiritones. Me duele el hígado, estoy pálida, ojalá que pase todo y no enferme.
Te extraño, pensé que un par de kilómetros me aydarían, sin embargo te extraño montón, te siento te abrazo. Gracias por dejarme ir.
Estoy quedándome en el centro, Maipú con colon, Maipú 160. Los autos que pasan por la avenida se escuchan bastante. El refri suena. Hay una brisa que llega desde el exterior. Tengo hambre, mucha hambre y sed, pero cero ánimo. Estoy agotada.
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