Tenía la entrada lista para publicar. Y se borró. Maldita tecnología mediocre.
Llueve. Bueno, llovizna, no se le puede llamar lluvia a un par de gotas.
Limpiar.
A eso me dedico. A limpiar lo que la gente ensucia. Limpiar y ordenar, aunque ordenar no me parece entretenido, me fastidia. Por otro lado limpiar tiene su gracia. Me mantiene con la mente ocupada, fija, en esas manchas difíciles de sacar. Qué tontera. Me encanta el Cif. De todos los productos; es mi favorito.
En serio llueve. Escucho flume. Drop the game. Ahora estoy sentada o tirada o echada, en el sofá del departamento cinco, tomando un descanso. Tengo las manos pasadas a cloro, y amoníaco. Tengo que cocinar, antes de que empiece a sentir hambre. Sigue Lloviznando. Pero de broma. Broma infinita. No lo he leído. El portón está abierto. Como si fuese a llegar alguien. Como si estuviera esperando a alguien. La cortina está mal puesta. El gato ronronea estruendosamente. Hace tres semanas que no entraba al departamento cinco; las consecuencias: una gran cantidad de polvo e insectos petrificados. El gato Tomás. El desaparecido gato Tomás. Como come ese gato gordo. It could be sweet, suena, portishead. Deja el ambiente relajado. Creo que mejor me levanto, y salgo de este estado, antes de que me consuma....
miércoles, 11 de mayo de 2016
Lluvia.
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