martes, 21 de febrero de 2017

La de entonces.

Y en secreto perdí lo último que hospedaba en mí. Me desvanecí entre la arena y el mar. Era un día martes como hoy, caminé con los ojos cerrados, dejando que el destino abriera puertas. No volví a ser lo que fui. Escuchaba el eco del oleaje, el sonido del viento atormentando mis mañanas, y por la noche no fue distinto. Cerraba las cortinas y aun así me sentía descubierta, como si el mundo entero estuviese pendiente de mis acciones. Escuchaba pasos detrás de mi andar. Veía sombras en cualquier dirección. El miedo me invadió. Despertaba ahogada, sin aire; con los puños apretados. Y en mis sueños no fue distinto; La realidad se desplegaba en ellos, y se intensificaba. Ya no eran pasos ni sombras, eran monstruos reales, disfrazados de mis eternos amigos.
Sigo caminando, escondida, para que no me descubran, para que no piensen que fuimos nosotros.

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