San Marcos (pueblo jipi, colonizado por porteños aburguesados).
Para empezar el lunes 12 fue feriado, por la celebración de la raza e identidad de los pueblos indígenas(también conocido en Chile como "18 chico"). El día domingo empezó con un poco de lluvia y bien frío, por un momento pensamos en no viajar, pero una cosa llevó a la otra, al final decidimos ir, igual. El viaje en auto, se supone que dura dos horas y media, sin embargo, llegamos a San Marcos casi al anochecer; Lo que pasa es que en Córdoba(y en Argentina, en general), hay un montón de rutas, y las señalizaciones dejan mucho que desear. Por lo que, nos desviamos en varias ocasiones. Lo peor fue nuestra situación famélica. Mucho tiempo sin comer, afecta mis capacidades cognitivas, entre otras cosas. En fin, llegamos a este pueblo jipi, con olor a palo santo y transpiración, estacionamos el auto. y así fuimos en busca de comida. La mejor alternativa que encontramos fue pizza (muzzarela), por 55 pesos argentinos (2750 pesos cl), tamaño familiar. Compramos dos. Olvidé mencionar que entre medio de la búsqueda de comida, aprovechamos de abastecernos con bebestible ( fernet, coca-cola, pritty limón). Las pizzas salieron en veinte minutos. Nos sentamos en bancos de la plaza, en las mesas de ajedrez, devoramos las pizzas en menos de dos minutos. Luego, fuimos a nuestro camping( camping de don José, hombre enigmático, que apareció al final de la jornada),acampamos ahí mismo en el pueblo, para no estar distantes de la civilización. A todo esto (creo que ya habíamos puesto la carpa) armar la carpa fue completamente una odisea, nadie se manejaba en ese arte. Nos las ingeniamos para que quedase estable por lo menos. y así fue quedó relativamente estable. La noche ya había llegado, aproximadamente a las ocho y media, nueve. Nos dio sed, destapamos el fernet, la coca, sacamos hielo. La temperatura a esa hora, descendió de un golpe, estábamos casi colapsando. Nos fijamos que nuestros vecinos de camping, tenían un fogón hermoso. Mandamos a Tefi como relacionadora pública, a ver, si nos compartían un poco de fogata. Todo resultó bien, nuestros vecinos aceptaron los términos de paz y tranzamos. Tomamos nuestras cosas, y nos fuimos a su sitio. El hombre fogata, Leandro, 22 años, un chico recopado, sonriente, canchero, pero tranqui, conocedor de la música electrónica, amante del fútbol. y Daniel, también 22 años, el Dj, un poco tímido, recatado, pero generoso, nos compartía de su vaso, fernet, y campari. Los dos cordobeses, trabajadores, Leandro laburaba en una tienda de ropa y Daniel en una playa de estacionamiento. Comentaban de su viaje por el continente hasta Colombia(la mayoría de la gente joven argentina, se ha dado un viaje como ese). En ese momento sentí que debía hacer algo parecido. Mientras intercambiábamos experiencias, aparecen unas chicas (las cuales habíamos conocido horas antes), y se unen a nosotros: Yamila, Yael y Gissella, estaban cruzando la línea entre Narnia y el mundo real cuando llegaron. alterando la sintonía tranqui que se estaba percibiendo, Las voces aumentaron los decibeles ....
continuará...
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