jueves, 10 de septiembre de 2015

ombligo de venus

entre los dioses del amor
entre el sol
entre los grandes cuerpos celestes
entre las rocas y el calor
entre la hermandad terrenal
entre las diferencias térmicas y atmosféricas
entre las vueltas del reloj
entre los días más largos
entre el oeste y el este
entre las nubes veloces 
entre el orto y el ocaso
entre el lucero del alba
entre el cielo nocturno
entre su femineidad
entre el período sinódico 
y los años bisiestos
entre los mayas y el antiguo egipto 
entre su cercanía con nuestra tierra
entre un movimiento retrógrado
entre la fuerza de la marea
entre la inercia térmica
entre la sincronía de sus ondas
entre sus mesetas de nombres mujeriles
entre sus erupciones volcánicas
y su nulo campo magnético
nindaranna, dilbat o jinxing
presente desde los albores de la historia
estrella de la madre diosa mesopotámica
tan conocido y tan difuso
ardiente, incluso más que mercurio
venus, portador de la luz, 
por las mañanas, tardes y noches
el infierno más dulce
que nadie quisiera pisar

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