Y resulta tan shockeante, asimilar la fragilidad de vivir, asimilar que estamos de pasada... Que es sólo un recorrido efímero. Tantas cosas que dejamos de hacer en un día, tanto que perdemos, tanto que olvidamos. Luego cuando ya es tarde y cuando las consecuencias se avecinan, reconocemos nuestros errores, nuestro estado de inconsciencia, y nos sentimos bien con nosotros mismos, pero olvidamos demostrar a tiempo nuestros sentimientos... Y no sólo nuestros sentimientos, todo todo lo que hacemos y lo que no, deja marcas, heridas, sonrisas. Nos cuestionamos, pero el despertar nunca llega. Ya no quiero simular que no me importa, ya no quiero simular que todo anda bien o que todo anda mal, quiero aceptar la realidad tal cual; si quiero llorar, lloraré y si quiero mandar a alguien a la mierda también lo haré. Seré responsable de lo que quiero ser culpable. No quiero ser responsable de mentiras provocadas por falsedades propias del mundo actual.
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