lunes, 25 de mayo de 2015

¡El rinconcito y el Ser mágico!

Había un rinconcito tan triste y desolado, que pensaba día a día en quitarse la vida. 
-De qué sirve vivir si no puedo albergar a nadie-, 
se preguntaba a menudo. 



Miles de kilómetros al sudoeste, cruzando el océano atlántico y un par de montañas nepalíes, existía un ser que llevaba días tratando de tele-transportarse, no soportaba que su luz fuera tan opaca. Trató por mucho tiempo brillar pero se dio cuenta de que su fuente mágica  no le acompañaba. 
-Qué voy a hacer???- 
-Todos brillan, todos brillan menos yo!!!- 
-Todos colaboran de alguna forma, pero mi luz ni siquiera hace crecer una planta!!!-
 Estaba devastado, se sentía inútil y empezó a vagar, a vagar sin rumbo, probando diversas maneras de hacer funcionar su querida fuente mágica.



El rinconcito, por su parte, 
un día de feria se encontró con el conejo bonachón quién al verlo apenado le hizo un pequeño presente. 
-Hey rinconcito-
 gritaba el conejo bonachón,
- ¡Toma!. Te obsequiaré un poco de nácar para que lo frotes por todo el contorno de la entrada a tu hogar. Así quien se sienta solo en ese callejón y en otros callejones se acercarán a ti.-
Rinconcito no lo podía creer!! -Qué maravilla pensaba-, nunca mas volveré a sentir soledad.



El ser, ya había ocupado sus últimas frases de la suerte,  visitado mil quinientos curanderos y nada pasaba con el brillo de su luz. Su gran sueño estaba por culminar, ya nada lo motivaba. Logró tenderse en un plano estepario y ahí se quedó esperando dormirse.  
Sin embargo, esa noche algo lo despertó. 
Al principio creyó que era un tipo de acúfeno, pero ya no podía esconder esa sensación enardecida y con gran ímpetu se levantó.  
Empezó a caminar porque sentía en el fondo de su corazón que una fuerza extraña lo llamaba.



El rinconcito había llegado a su hogar. 
Lo primero que hizo fue adornar como le dijo el conejo bonachón todo el contorno  de su entrada, y se concentró para que sus energías atrajeran a algún desafortunado. 
Empezaron a llegar distintos seres, de distintos universos, pero por más seres que llegaban a su hospedaje, mas solo se sentía. 
-Algo anda mal- pensó, y se desanimó.

El ser se sentía seguro. Imaginaba a cuántos animalitos podría iluminar. Pensaba en hacer un vergel y alimentarlo con su luz propia , cada vez estaba más cerca, sentía que al fin se aproximaba y eso lo alegraba de una manera inalterable, 
estaba a punto.



El rinconcito en un acto desenfrenado comenzó a quitar el nácar y se sintió totalmente estafado por el conejo bonachón. 
Estaba en eso cuando una luz hermosa lo detuvo y dejó boquiabierto...

 -He llegado-,pensó el ser. De a poco vislumbró que todo tenía un aura diáfana en ese lugar. 
-He llegado -...



Rinconcito no lo podía creer,al fin albergaba a un ser tan puro, y se compenetraron de tal forma que ambos empezaron a llorar de felicidad.



¡FIN!

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